Fui al mar lisboeta hace tiempo a ganar sesenta minutos, aunque ahora, en la hora de los 40 años, ya no hay consuelo en los mares para saber que este ya no es mi tiempo, que mi memoria, y así lo quieren muchos, es más ... endeble tras la pandemia y sus gestores de muerte. No he visto venir el cuarentañismo, o sí lo he hecho. Las barbas blanquecinas donde antes fueron pelirrojas visten un progresivo desdén ante las madrugadas. Qué sé yo. A los cuarenta y días ha venido todo a cambiarme. En estos cuarenta años yo he visto caer el Muro, que fue mi primera memoria histórica entre cubatas paternos, he visto cuarteles explotados bajo el odio y he sentido creernos en centro del mundo con la mala 'juntera de Pujol' en una apertura equivocada al Mediterráneo. Perdí un padre y gané padrastros de diverso pelaje mientras el país se iba quebrando en mil Españas y a mí me iban tocado esos mil padres adoptivos. Me levanté en mi 40 cumpleaños sin el vigor de la ancianidad Aquel vigor que contó García Márquez en un cuentico de crepúsculos, gallos y amores contrariados.
Me vi ayer, reflejado en los charcos, y pensé si en lo sucesivo veré Buenos Aires, aunque ganas no faltan. Jéssica y Ábalos ponen en fin a la política y a la España en la que he crecido a base de coñac, vasos de tubo y despertares estropajosos. Lo demás, lo nuevo, no lleva el lazo de lo carpetovetónico, y me asusta aún más. Se me han pasado cuatro décadas prodigiosas en las que han volado dictadores venciendo la descomposición de la carne y la gravedad; en cuarenta años quitamos un maleficio en un día y en Sudáfrica, y ya rozando la cuarentena he tenido que asumir que de los compañeros de viaje de los verdugos de la serpiente dependen mis habichuelas. Esos, esos mismos, que salen tan sonrientes con la sonrisa en modo Mertxe Aizpurua, que haga, diga, sonríe o calle genera un temblor de acojone y portada que apesta a pólvora y tinta mala. Cuarenta años dan para unas memorias cuando nos hemos agarrado al cordel de lo que pasa y hemos hecho lo justo por evitar donde estamos.
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